Antes de Daft Punk existió una banda llamada Darlin’.
Un crítico del Melody Maker la destruyó y la definió como “daft punky trash”.
Lejos de ofenderse, Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo decidieron apropiarse del insulto.
“Daft” significaba absurdo.
“Punk”, más que un género, una actitud.
Y ese juego entre anonimato, ironía y control terminó creciendo mucho más allá del nombre.
Después de Homework empezaron a ocultarse.
Máscaras, apariciones extrañas y finalmente, en 2001, los robots.
Los cascos necesitaban mochilas ocultas, aire acondicionado y sistemas internos de comunicación.
Desaparecieron como humanos para convertirse en una de las identidades más reconocibles de la cultura pop.
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