Kraftwerk nunca sonó a banda porque nunca quiso ser solamente eso.
En alemán significa “central eléctrica” o “planta de energía”.
Un concepto antes que un grupo.
Ralf Hütter y Florian Schneider eligieron ese nombre mientras imaginaban una música todavía inexistente.
Por eso construyeron su propio laboratorio: Kling Klang Studio, en Düsseldorf.
Ahí modificaban sintetizadores, secuenciadores y vocoders para crear sonidos que muchas veces ni siquiera existían comercialmente.
Gran parte del futuro de la electrónica salió de ese cuarto.
Literalmente, de una central eléctrica imaginaria.
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